“Te estoy amando locamente” es una película española, dirigida por Alejandro Marín (2023), que narra la historia de Reme, una madre que en el año 1977 lucha con valentía por la libertad de su hijo, encarcelado únicamente por ser homosexual y rememora la marcha pionera por la libertad sexual que tuvo lugar en Sevilla en junio de 1978.No podemos olvidar que en España, en 1977 aún existía legislación que permitía encarcelar a las personas por ejercer, desarrollar y expresar su orientación sexual. No fue hasta 1995 cuando se despenalizó completamente la homosexualidad con la derogación de la Ley de Peligrosidad y rehabilitación Social.
Solo una década más tarde, en 2005, se aprobó la ley que reconocía el matrimonio entre personas del mismo sexo, ley que colocó a España a la vanguardia de las legislaciones más avanzadas del mundo en materialización de la igualdad. Y así, años mas tarde se aprueba la Ley 4/2023, de 28 de febrero para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI. Son todas leyes que amplían derechos sin reducírselos a nadie. Leyes recientes que avanzan y que han marcado un punto de inflexión en la igualdad y dignidad de muchas personas.Sin embargo, también sabemos —como juristas y como ciudadanos— que los derechos no son inamovibles. Pueden estancarse. Pueden ser revocados. Se puede retroceder.
Como la película que mencionábamos al inicio , son muchas las obras cinematográficas que nos muestran la represión sufrida por el colectivo LGTBI, así como otras que celebran con orgullo su diversidad, su resistencia y su conquista de derechos, “Ábrete de orejas (1987), La vida de Adele (2013), Crossing (2024), Una mujer fantástica (2017), Rafiki (2018) y muchas otras que no por no ser citadas aquí dejan de merecer ser vistas. El cine, así como la literatura y la musica ,como vehículos de expresión cultural, han sido siempre una poderosa herramienta para plasmar ideas y sentimientos y denunciar realidades silenciadas. Muchas de estas historias nos interpelan directamente como juristas y como sociedad, al hacernos reflexionar sobre quién decide qué es lo “normal”, lo “aceptable”, lo “reglado”. ¿Puede la mayoría que establece la norma ignorar a las minorías? ¿Y qué ocurre cuando esa norma margina o excluye?
Amnistía Internacional recuerda cada año, que la homosexualidad sigue siendo considera como delito en 64 países, algunos de los cuales la castigan incluso con la pena de muerte por participar en actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo. También denuncia agresiones y violencias sistemáticas que se producen a diario en todo el mundo por el simple hecho de ser. Solo eso: por ser. No por lo que se hace, sino por lo que se es.
Y ante eso, cabe preguntarse: ¿por qué nos incomoda tanto que alguien simplemente sea? ¿Qué nos molesta de que alguien viva su identidad libremente?
En este mes del Orgullo, conviene recordar qué celebramos y por qué lo hacemos. Celebrar el Orgullo es celebrar la diversidad, reivindicar una sociedad inclusiva, en la que la orientación sexual de las personas aporta naturalidad, riqueza, expresión de libertad e identidad. No hay mejor motivo para unirse a esa fiesta.
Desde la Unión Progresista de Letrados y Letradas de la Administración de Justicia, rechazamos de forma tajante y rotunda cualquier forma de discriminación, violencia o discurso de odio contra las personas LGTBI. Este mes nos sumamos a la celebración del Orgullo, como hacemos todos los años, una celebración de la resistencia, de la diversidad y de la alegría queer. Porque la defensa de los derechos humanos, sin ambigüedades ni condiciones, es y será siempre uno de los ejes que conforman nuestra razón de ser como asociación de letrados y letradas de la administración de justicia.
“Te estoy amando locamente…pero no se como te lo voy a decir.”





